Historia de lengua

Desde hace tres años, Robert ha estado navegando en el océano, sin saber a dónde ir, cuál sería su destino final o con quien se iba a encontrar. Sin comida ni tripulación, Robert nunca perdió esperanza. Siempre estuvo convencido que iba a encontrar tierra para demostrarle a la gente que lo conocía que él no era un bueno para nada. Esta determinación le hizo olvidar su estómago rugiente. Esa noche a Robert le costó dormirse, estaba muy ocupado pensando en como se iba a divertir el dia que pudiera mostrar a su entorno todas su riquezas, cuando de repente sintió algo que chocó con su bote. Este ruido le resultó inusual, pero Robert no le importo investigar, confiado que nada grave había pasado.

 

Los rayos de sol interrumpieron sus dulces sueños y en tanto se desperezaba, advirtió que algo había cambiado a su alrededor, sintió algo diferente. Se levantó y no podía creer lo que veía, había llegado a tierra. No pudo ocultar su entusiasmo, salió del bote de un salto y fue a recorrer la isla. Este lugar era mágico. El agua que rodeaba la isla era pura y cristalina, se podía ver todo lo que sucedia ahí abajo. Los animales no eran de lo ordinario. Eran coloridos y brillantes. No eran salvajes, al contrario estaban muy desarrollados. Nada era como lo que había visto antes. Cuando Robert pensó que esta aventura no podía mejorar, se encontró con la sociedad que vivia alli. Eran altos y delgados con pelo luminoso y largo. Su piel era de porcelana y tenían tatuajes pintados de diferentes colores, ya que representaban partes de la naturaleza. Ellos estaban muy avanzados en todas las materias, ya habían encontrado las respuestas a las preguntas que tenía la sociedad en la cual venía Robert. Sin ser descortés, los ciudadanos les fueron a preguntar a Robert quien era y qué hacía en su amada tierra. Robert se presentó y les explico lo que le había pasado. Con mucha astucia, los elfos, quienes eran los habitantes de estas tierras maravillosas, llevaron a su nuevo huésped a su rey. Pero al ser malévolos, no perdieron la oportunidad de darle información errónea sobre lo que debía hacer cuando conociera a su rey. Mientras que lo guiaban al palacio, Robert no pudo no notar lo exótico que era este lugar. El pensó que este lugar era sólo jungla, pero, al entrar en su interior, era una utopía. No podía creer que lo que antes parecía ser sólo fragmentos de montañas sobre agua y mini islas, conectadas por lianas y puentes ,con cataratas y algunas casas, era en verdad una ciudad que estaba más desarrollada de lo que él pensaba. Había pedazos de tierra flotantes, edificios hechos con un material de otro mundo. En el centro de este lugar místico, estaba el palacio. Era grande y brillante, te podias ver reflejado en su paredes. Tenía una cúpula hecha de vidrio y dos torres en cada costado que estaban decoradas con dibujos parecidos a los que tienen las personas viviendo allí. Al entrar, las paredes estaban cubiertas por mosaicos de su historia, y en un trono hecho de vidrio estaba sentado el rey. Cuando Robert se le acerca, el rey estaba intrigado por lo que iba a hacer. Robert se le arrodilló y le besa la mano y después le hace un baile igual como le dijeron los elfos. Al terminar su danza, Robert se gira para ver a los elfos quienes le habían explicado todo esto, pero se estaban burlando de él. Al rey no le causó mucha gracia y ordenó a los guardias que castigaran a esta persona que le estaba faltando el respeto. Como Robert no quería terminar su vida, le suplico al rey que cambiara su decisión.  

Le suplico rey, querido por los elfos, no termine mi vida por un error que hice.

-De acuerdo, yo no le voy a acabar su vida, si usted me puede conseguir un vagabundo antes que el sol baje. – Le respondió muy astutamente el rey.

-¿Cuanto tiempo seria eso?

-20 horas.

-De acuerdo, debería marcharme ahora.

Robert contento por esta noticia, salió corriendo del palacio en búsqueda de un vagabundo. Pero, al salir, se dio cuenta que esta sociedad era muy avanzada para tener vagabundos en sus calles. Robert ahí se dio cuenta que el rey lo había engañado. Era algo imposible de encontrar. Desilusionado por lo que había pasado, Roberto se le ocurrió un plan. Se dijo a el mismo, si ellos me pueden engañar porque yo no a ellos. Su plan consistía en Robert disfrazando a un elfo para parecer como un vagabundo y presentar eso a la realeza. En búsqueda de una víctima para poder llevar a cabo su idea, encontró a un elfo diferente. El era petiso y el aspecto de su cara no era algo lindo para ver, pero eso le gusto. Robert fue corriendo en su dirección. Al llegar, vio que la cara de este pobre elfo era más horrenda de lo que parecía. Pero, su disgusto no hizo que se olvidara de su plan.  Robert le tocó el hombre y sin una pausa para tomar aire le dijo, “Señor, hola, le queria pedir un favor si no es de ninguna molestia.” El elfo confundido pero intrigado le respondió “¿Cual seria ese favor?”. Feliz de lo que había escuchado, le contó su propuesta “Bueno, yo estoy en unos problemas con tu rey, y queria saber si usted me podría ayudar a salir de ellos. Lo que necesito es que tu te disfraces como un vagabundo así se lo puedo presentar al rey.  ¿Que dice?”. El elfo le respondió “Yo lo voy a ayudar. Pero, no se si noto en esta sociedad no hay vagabundos y el rey no es alguien que se pueda engañar muy fácil.” Robert no veía la hora para volver a su casa y a su familia. El elfo se vistió de vagabundo y al terminar Robert lo llevó hacia el rey. Cuando el rey vio esto, se ofendió más y ordenó a sus guardias que decapitaran a Robert. Robert apenado por lo que iba a suceder, aceptó su destino. Los guardia del rey llevaron a Roberto hacia el centro de la plaza y colocaron su cabeza en una madera con un hueco que era del mismo tamaño de la cabeza de Robert. Todos los elfos se reunieron alrededor e hincharon para que le corten la cabeza. Roberto dijo sus últimas palabras y en menos de un segundo el hacha tocó el cuello del extranjero.

 

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